cinismo.
Los animalitos que además somos humanos tenemos, a mi entender, una doble dificultad. Por nuestra condición de animalitos de sub especie humana nos diferenciamos del resto por andar necesitando de artilugios extrasomáticos para sobrevivir. Es decir, somos una especie de animalitos necesitados, incompletos, inacabados. Lo irónico, y el punto al que quiero llegar, es que lo mismo que nos permite sobrevivir tiene la misma potencilidad de aniquilarnos. A saber, los artilugios extrasomáticos que nos son imprescindibles (llamese cultura, lenguaje, ideas) son relativos al uso. No nos está determinado hacer determinada cosa con ellos. Depende de nos. Al ser animalitos con/de cultura, usamos ideas y palabras, que al ser relativo a cada quien o a cada quienes (si se quiere diferenciar por sector) varían. Sí, somo iguales en la diferencia. El resto de los animales son iguales en la repetición. Nosostros repetimos la diferencia.
Aquí radica la doble dificultad de los animalitos humanos. Tenemos palabras propias, pero los otros también las tienen. Al mismo tiempo que uno aprende a hablar por sí mismo, tiene que tolerar la palabra del otro. Y esa cuestión de tono ético, de tolerancia ideológica, no es más que el comienzo o el fin de nuestra existencia. Las palabras que pronunciamos formatean nuestro mundo, y gran problema surge si otro nos antagoniza el discursito. Se nos desformatea el mundo.
Ante este inevitable peligrosidad de las palabras del otro quedan varias opciones, ahora pienso en dos. Reunirse con un grupo de personas que usen palabras, tiempos verbales, adjetivos, etc. similares a los de uno; encerrarse en un cuarto (con un inodoro), cerrar la puerta con llave y tirarla (por el inodoro, claro). Otra opción, tirar las palabras propias por el escusado, romper la puerta y entregarse a un frenesí de palabras ajenas inconexas y enajenadoras, relativizando cada letra de tal manera que ya ningún adjetivo pueda definirte. Cualquiera de las dos opciones me parecen doctrinas vituperables y como lo define la Real Academia Española, convierte a sus portadores en cínicos.
(RAE: m. Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.)
Nos quedan siempre múltiples alternativas. Propongo por el momento las siguientes: ser capaces de tener palabras propias, ser capaces de intercambiarlas con otros, ser capaces de pensar y cuestionar lo que pensamos, cuestionar lo que piensan los otros también, tener un cuarto propio pero con la puerta abierta.
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